martes, noviembre 27, 2007

Dar.

Yo no doy, tu das el cielo, el le regala un papel, ella su mirada, tu estas palabras, el niño su sonrisa. Tú me das tus sueños y yo solo despierto.
La nada me lo ha obsequiado todo con sus manos gigantes y de sonrisa estrecha, y sin embargo siento que no le debo dar nada a cambio, para que siga guardando su esencia, contemplo sordo la situación apenas logro trazar ideas, sobre el manto de mi ser, tal ves al regalarle mi nada, se lo e dado todo.

Ciencia


Ciencia.

Tan ambiguo como difuso resulta la ciencia como concepto, por que en sí encierra el objeto del deseo de las más variadas disciplinas del que hacer humano. Ella se muestra, en su simpleza, inentendible ante el hombre, como el único medio de producción de conocimiento verdadero, argumentado en razones sólidas.

El hacer ciencia, es el derecho ganado de los que se digan contempladores del universo, desde sus expresiones más colosales a las infinitesimales de vida, ya sea de naturaleza visible y de aquello que no logramos percibir con nuestros sentidos de observación, pero que están lejos de esconderse a nuestro razonar, cuestionar y querer explicar, ya sea desde el comportamiento de los cuerpos celeste, querer entender y establecer los principio que gobierna la ley de la gravedad o ideas tan revolucionaria como la teoría de las cuerda. En un sentido más humanizado, y como dijese Albert Einstein, en una de sus frases celebres: “Algo he aprendido en mi larga vida: que toda nuestra ciencia, contrastada con la realidad, es primitiva y pueril; y, sin embargo, es lo más valioso que tenemos”. La ciencia como acto libre de observación de todo aquello nos rodea, nos logra modelar un mapa referencial de nuestro universo y las leyes que la rigen, dándole esencia directa a los fenómenos que observamos y que nos afectan directa e indirectamente en nuestro diario vivir; mostrándonos un presente real y manejable; y haciendo soñar, como humanidad, un futuro cierto. Lo cual me inclina esencialmente a razonar y afirmar, que uno de los bienes más valioso que tenemos como género es la capacidad de observación unificada con el sabor dulce de querer explicar lo que somos capaces de ver, sentir y proyectar en un conocimiento sólido de lo que nos resulta nuestro medio.

En un sentido práctico, la ciencia es el cubil de la naturaleza de los fenómenos que interactúan con nuestros sentidos. Ya es sabido que, como género, en nuestros comienzos nos estaba prohibido “el querer saber…”. Antes de Galileo Galilei, si querías saber algo del mundo preguntabas a la Iglesia, que te daba como respuesta un “No, No puedes”, bajo la pena de excomunión o de quema en una estaca en la Plaza Mayor. Después de Galileo, se podía buscar la respuesta a cualquier pregunta y esa respuesta podía ser comprobada, aceptada, rechazada o sometida a nuevos análisis. Entendiendo en esta esquematizada evolución del derecho ganado del saber, como un sello impreso en nuestra naturaleza irrenunciable e intransferible, es cierto que lleva consigo los pesares de poseer tan sublime capacidad como resulta ser la responsabilidad de conciencia que se debe poner a tan altivo mandato. Me pregunto yo ¿me gustaría delegar tal responsabilidad?, creo que la respuesta es cierta y concreta: “No”, siento verdad, que la esencia no renuncia a si misma por el capricho de abandonar en su tarea.

La naturaleza que nos rige como genero es tan insustancial, como resulta para nosotros lo que es la ciencia, en nuestras manos de gigantes de pies descalzos, veo que mientras algunos acuñan el título mal heredado producto del azar, de lo que creen que es ciencia, que se olvidan de buscar la verdad sólida e infinita de sus directrices; y que pretenden tan celosamente cubrir con los galardones sociales que entrega la envestidura de la ciencia como concepto vacio, que solo sirve para engordar el ego, en al practica de encontrar solo reconocimiento entre los pares. Olvidando que ciencia es el simple hecho de hacer ciencia y que ésta se hace haciéndola; ahora me podrán preguntar qué significa ¿el hacer haciendo?, claro es legítimo, las cosas se hacen por obedecer a su naturaleza, luego les marcamos con nombre, títulos y asignamos valores.

La ciencia es una verdad quebrantada y unificada etimológicamente bajo el significado de "conocimiento verdadero"; un conocimiento basado en razones concretas, fragmentada por el hecho de que el hacer ciencia no nace de una sola acción, si no que es el cumplimiento ineludiblemente de la capacidad de observar el universo, entendiendo todo en su conjunto; la capacidad de razonar y hacerse preguntas sobre la naturaleza que rige el comportamiento de los fenómenos: formular desde la razón; las respuestas, que puedan predecirles siempre en un futuro, dichos fenómenos y comprobar la veracidad de dichas respuestas.

En forma más genérica, el hacer ciencia es una derecho ganado de todos los seres humanos, ya que por verdad, estamos dotados de esta capacidad en nuestra naturaleza inefable, pero no menos cierta, si no concreta. Es cierto que como herramienta de subsistencia y progreso, resulta obligatorio normalizar tan extraordinaria cualidad, para así unificarla bajo un lenguaje universal y de protocolos transversales en su técnica. Es por consiguiente que nace el método científico, para contextualizar el marco científico, lejos de demarcar los límites del hacer ciencia, si no mas bien, concretar lo avanzado y universalizar el conocimiento; para de esta forma no establecer límite al acto sublime del hacer ciencia, es por cuanto los limites solo nacerán de nuestras propias necesidades conjugaras con el respeto natural al conocimiento y todo aquello que nos rodea. Sin dejar de entender la dura labor que se nos obligó a cada ser humano de hacer ciencia para uno y para el resto ya sea fragmentada en cada en una de la premisas expuestas anteriormente de lo que engloba la verdad de la ciencia. Por otra parte resulta la tarea mas noble, fructífera y apasionante el descubrir y entender el medio que nos cobija y alberga, por que siento que en al practica, cada misterio finito que desvelamos de la ciencia, creo yo “estamos mas cercas de encontrar nuestra propia naturaleza”.
Cuando un niño en su inocencia de mundo logra identificar ciertos fenómenos y mas a un logra canalizar su observación través de una preguntar, estamos ante el acto original de nuestra naturaleza irrenunciable que es el lograr describir el mundo como parámetro físico y el universo como parámetro de proyección de nuestro propio mundo interior como exterior, y sembrar en los confines del conocimiento palpable y evidente la materia de la que somos parte. Claro es que al encontrar las verdades de los hechos, trae consigo una gran carga valorica que es, solo aplaudible cuando esta de conjuga para el beneficio de la humanidad y de la prosperidad de la vida en todas sus formas de expresión tanto en un presente palpable como en el futuro ausente. Mi visión me obliga a entender que por moral nada que provenga de la esencia de sus actos, debería ser auto utilizada en contra de aquello que lo origino, por consecuencia la materia no se destruye solo se trasforma, es por eso que espero que a lo único que nos ayude la ciencia sea a trasformar nuestra capacidad en benefició del progreso colectivo y no individual de intereses sesgados o caprichosos, si no por un bien mas elevado, fraternal y universal. Pero es cierto que la teoría no siempre se apega la realidad que construimos tras cada decisión que emprendemos en el camino de la vida y no tiene por que ser, necesariamente distinto a la del científico que muchas veces ve su trabajo mermado tras intereses económicos de selectos grupos de poder. No hay mas noble encomienda que seguir el camino que se cree correcto, a un que en ello se nos vaya la vida, pues suena mas épico y altivo que morir tras los sueños que vivir tras la ceguera.
Es por todo lo comentado y más aún, por todo aquello que se deje en el tintero que digo “sintiendo cierto”:

Que la ciencia no es más que el intento furtivo y afanado de develar el entrañable misterio de nuestra propia naturaleza.